Comunicar en modo Jam Session

Hace unos años tenía el estudio justo encima del Harlem Jazz Club, un pequeño club de jazz conocido en Barcelona. 

Y así lo ponía en nuestro apartado de contacto de la web: Estamos justo encima del Harlem Jazz Club. Qué Google Maps ni qué leches. Referencias de las que no se olvidan, de las de toda la vida.

Era un estudio compartido.

Un día, después de unos 4 años, por fin me animé a ir a una Jam Session de Jazz. Qué gran noche.  

Subían al escenario cracks de la música…con su instrumento en la mano, y hacían maravillas…¡improvisando!
¿Cómo es posible?

En un momento, subió al escenario Thomas Wadelton. Un australiano alto y delgado, con aspecto tímido entre una gran ovación. 
Por lo visto, un habitual. 

Y ¿cuál era su especialidad?


¡El claqué! 


“Vaya rollo…el claqué”, pensé.
¿Qué pasa? Nunca me ha atraído el claqué.

Me trae imágenes a la cabeza en blanco y negro coloreado, con dos hombres con jersey de pico de colores, cara de entusiasmo impostado pateando el suelo al unísono (o una cajonera de la que acabarán saltando) y tronando a los vecinos.

No es mi estilo. 

Así que con mis expectativas por los suelos, Thomas empezó a moverse sutilmente, con una ligera sonrisa en la cara (una sonrisa que le salía de dentro).

Y empezó a fluir.

Y a cada rato, la cosa se animaba.
Un baile complejo, sutil, delicado. Lleno de ritmo y de matices.

Sin cajoneras desde las que saltar, ni farolas a las que agarrarse para girar y girar.
Arte en toda su esencia.

De verdad, ¿cuántos sonidos diferentes pueden lograrse sólo moviendo los pies?
Y lo mejor de todo, lo que más me hacía flipar: era totalmente improvisado. 

Aplausos y ovaciones. 

Ya no podré volver a decir: “Nunca me ha atraído el claqué”.

Cómo me gusta que me rompan mis esquemas. Cómo mola ver impulsos de creatividad desparramada, irrepetible y única. 

Pero para desparramarse, la creatividad necesita estructura. Sin una base técnica, todas esas personas habrían sido incapaces de remover ni un ápice la emoción del público.

Para crear, fluir y disfrutar, Thomas ha recorrido un camino previo algo más duro y aburrido.

Un camino en el que aprender, planificar, conocer y probar. 

Es lo mismo que pasa con la comunicación. Que nos dicen por todos lados lo importante que es planificar, y nos espanta.

Porque planificar, requiere esfuerzo y compromiso, y en general, excepto esos seres maravillosos que han venido al mundo a poner orden en el caos de la mente de personas como yo (y cuyo mayor gozo es tachar cosas de la lista de tareas), nos aburre. 

Así que no lo hacemos.

Y como consecuencia, no podemos deslumbrar a nadie con nuestra creatividad. No podemos hacer cambiar los esquemas mentales rígidos de las personas, como hizo Thomas con mi sentencia mental. 

Si quieres aumentar el impacto social de tu proyecto, vas a tener que romper muchos esquemas mentales. Y para eso necesitas aprender a impactar en tu comunicación. Conocimiento estratégico, planificación y compromiso contigo y con tu proyecto. 

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Y sales de allí con tu plan de acción comunicativo para los próximos meses.

Vía libre a toda la improvisación que necesites.

Día cero para empezar a despertar la emoción hacia tu proyecto. 


PD: No sé si Thomas pudo aprender a romper esquemas mentales aprendiendo online, pero tú sí que puedes. En el enlace de arriba.

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