Enseñanzas budistas para tontis

En agosto de 2016 viajé sola al norte de la India, al lugar donde vive exiliado el Dalai Lama, para hacer un voluntariado. 

Después de calarme los huesos (y miles de rupias) con el monzón, participar en clases de conversación de inglés con monjes y monjas budistas, y hacerles bailar la canción “Material Girl” de Madonna en un taller de expresión corporal, me quedaban pocas cosas por descubrir. 

O eso me parecía a mi.

Tras dos semanas allí, quise ir a un centro de meditación budista que estaba perdido en el bosque. No había meditado demasiado hasta entonces. Algún flirteo nada más.

Uno se imagina un lugar místico, lleno de maestros y gurús de la meditación. Y muchos rituales. 

En realidad, no me equivocava. Aunque hubo algo que me dejó rota. 

Llegamos a la sala de meditación. Primero, dejar los zapatos fuera. A ser posible, a cubierto, que con el monzón nunca se sabe. 

En la puerta, un cartel: “Por favor, cierra la puerta o los monos montarán una fiesta”.

Dentro, unas 60 personas, casi todas viajeras, sentadas sobre cojines en posición de meditación. En la parte delantera, un altar, con un micrófono y un cuenco tibetano. 

Aún tenía que llegar la persona encargada de la ceremonia. Mientras esperábamos, ¿qué te imaginas? Una persona con rasgos orientales, túnica granate, cabeza rapada y cara de buena persona…

Eso me imaginaba yo. 

Pero llegó Tommy. Un irlandés rubio de tez blanca, con pantalones de chándal Adidas y la camiseta de su club de fútbol (de cuyo nombre ni me acuerdo) caminando de puntillas.

Ondia. 

Qué curioso. 

De la imagen que tenía en la cabeza, tan sólo coincidía en lo de “cara de buena persona”. Para mi fue como un poco chasco, después de la peli que me había montado. 

Y empezó la meditación. Brutal. Indefinible. 

En ese centro hacían retiros de 10 días en silencio. No me encajaba en la planificación de mi viaje, por eso supe que volvería. 

Después, preguntando un poco más sobre el centro, descubrí que era un lugar que se había especializado en ofrecer enseñanzas de filosofía budista para personas de occidente. 

Y visto así, tenía sentido que alguien como Tommy fuera quien nos guiara. 

Porque él había estudiado la filosofía oriental, y la había integrado en su visión occidental. 

Así que podía entendernos, y decirnos lo que necesitábamos escuchar para entenderle mejor. 

Su mensaje estaba amasado, trabajado de forma delicada para que fuéramos capaces de captarlo (o al menos, captar una pequeña parte, la suficiente para entusiasmarnos). 

Y hacía chistes. Sobre su apego al móvil, y al café. 

Vaya, que no nos hablaba de té y de inciensos, ni de mantras, ni de escrituras místicas, ni de cosas más elevadas. Todo muy terrenal. Un primer paso para novatas como yo. 

Una gran lección. 

Si quieres que alguien se sume a tu causa, tienes que saber qué espera la otra persona de ti. Qué necesita escuchar. Qué palabras comprende (aunque no sean todo lo técnicas y precisas que a tí te gustarían). 

Acompañarla en un primer paso para que sea capaz de meter la cabeza en tu universo, y empezar a flipar. 

Pero parece que eso es un canto afilado y molesto en las bambas de las iniciativas éticas. Vamos a ferias y encuentros y está lleno de mensajes infumables e indescifrables. Que sólo entendemos y estamos dispuestas a tragar las personas que YA estamos convencidas. 

Pero hay un mundo enorme ahí fuera. Miles de personas que si supieran de tu iniciativa, si captaran una ínfima parte de lo que haces, llorarían de emoción. Pero no se enteran, porque no sabes explicárselo en el lenguaje adecuado. 

Y eso tiene solución.

Ahora puedes aprenderlo. En el Curso online de comunicación transformadora, lo trabajamos en el segundo módulo. 

Puedes apuntarte en cualquier momento, hacerlo a tu ritmo, y sumarte a las clases en directo que hacemos a lo largo del año. 

PD:  Aprenderás a adecuar tus mensajes, tanto tus textos como tus imágenes, de forma que te entienda mejor la gente a la que quieres llegar, y que lloren de emoción (con moqueo incluido). No hace falta ser gurú, hace falta compromiso. En el enlace de arriba tienes todos los detalles. 

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