Las infinitas posibilidades de comunicarte bien

Esto me pasó hace unos cuantos meses.

El tema es que estaba aprovechando un tiempo muerto para trabajar un poco en una cafetería moderniquis de Puigcerdà. De las de mesas de madera, tostas de aguacate, café cold-pressed y ensalada de quinoa.

A mi lado, a un par de metros de distancia, una madre con su niño deeee…digamos…¿4 años?

Soy fatal para las edades.

Ella, concentrada en su móvil.

Todo era tranquilo, hasta que de pronto oigo un hilillo de voz, quejicoso, como cansado, que viene del cuatroañero:

– Mamáaaaaa, deja el móoovil…..

Se me partió el corazón.

La madre ni caso.

El niño que se agarra al antebrazo de ella y le repite la milonga. Ella, con un movimiento silencioso, le retira la mano.

Y así varias veces:

– Mamáaaaaa, deja el móoovil…..

La situación me hizo removerme en mi asiento.
Pero bueno, no era cosa mía (ni tenía ni idea de lo que estaba pasando).

Así que intenté seguir a lo mío.

Total que de pronto, la voz quejicosa del niño cambia de tono. Ahora un poco más firme, más demandante, y va el tío y dice:

– ¡Mamá, que ya me toca a mi! ¡Que llevas mucho rato!

– Ay, hijo, qué pesado eres. Toma.

Y silencio de nuevo, por un buen rato. Yo me quedé flipando. Al principio creía que el niño quería la atención de su madre. Pero no. Era un acuerdo tácito: vamos a la cafetería y miro el móvil un rato mientras me dejas tranquila, y luego ya te lo doy un ratito.

(Ojo, que no entro en si hay que permitir a los niños algo de pantallas o no, o si pueden ser útiles o no en un momento dado…que ese es un temazo. )

La observación iba más bien por el camino de constatar eso que ya sabemos, la gran novedad del mundo mundial: que las pantallas muchas veces nos distancian de las personas que tenemos más cerca. Seguramente mucho más de lo que nos gustaría, si sacáramos el dedito del scroll y levantásemos la mirada.

Yo hay días que lanzaría el móvil bien lejos, pero la verdad, no lo hago de lo enganchado que lo tengo a mi mano. Está como fusionado.

En fin.

Afortunadamente, cuando las sabemos usar, las pantallas también nos sirven para mantenernos más cerca. Sobre todo en momentos como este, cuando no tenemos la suerte de compartir mesa en una cafetería moderniquis con quien hemos elegido. Especialmente, cuando estamos a kilómetros de distancia.

Y para conseguir eso, como cualquier herramienta, hay que saber usarla.
Y entenderla como un medio.

Un medio que nos ayuda a comunicarnos, a conectar de corazón a corazón con quien está al otro lado.

Y eso no siempre es fácil…porque…¡qué raro es a veces estar hablándole a una pantallita!, ¿no?
Pues bueno, por si te interesa saber cómo llegar DE VERDAD al otro lado, es justo lo que tratamos en el curso: “Cómo hacer vídeos naturales y auténticos”.

PD: Saberte comunicar bien con las personas es una habilidad que te puede llevar muy lejos: conseguir ese trabajo que ansías, lanzar y dar a conocer al mundo tu iniciativa (y que te compren a ti, claro), vender tus ideas internamente (dentro de tu equipo) para lograr llevarlas a cabo. Las posibilidades son infinitas. Los detalles en el enlace de arriba.

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