Soy una OPORTUNISTA

 

[20 de junio de 2022]

Ayer bajé a la ciudad a resolver un par de asuntos. 


El caso es que bajé por la autopista habitual, la C16.


Pues, nada, que iba yo ahí conduciendo en mi mundo, con la música a todo boniato, cuando de pronto se me congeló la sangre (a pesar de los cerca de 40 grados que debía hacer fuera). 



El paisaje verde intenso que atravesaba se murió de golpe. 
 

El tema es que pasaba por una zona que tan solo un día antes había estado ardiendo en llamas, en el incendio de Manresa. 


A ambos lados de la carretera, un paisaje gris negruzco, calcinadísimo. Esqueletos de árboles que aun se mantenían en pie (pero dudo que tuvieran alma ya).


Y un olor intenso a chamusquina que añadía aun más drama a la escena. 


No te digo más que de forma natural reduje la velocidad y bajé la música, como si estuviera en un funeral. 


Pero el problema no fue atravesar esa zona.


El problema fue que seguí conduciendo, y a cada cambio de rasante el paisaje era más y más desolador.


Mira.

Cuando me hablan de miles de hectáreas quemando, sé que es mucho pero nunca consigo imaginar de qué dimensión estamos hablando.


Mucho. 


Un porrón. 


Pero ayer…ayer atravesé tan solo una parte. Yo calculo que estuve unos 10 minutos conduciendo entre esos parajes. 10 minutos a unos 100km/hora.

Eso significa que atravesé unos 16 kilómetros de campos calcinados, y se trataba solo de una pequeña parte del incendio. 





Y me invadió la rabia y la tristeza. 



Seguro que has oído eso de que “los incendios se apagan en invierno”.



El problema es que en invierno, nuestras preocupaciones son otras. Y es fácil que olvidemos las emociones que se nos despiertan en verano, cuando el problema está en su máximo esplendor. 


Mira, te sigo explicando: 


Poco después de encontrarme con esa escena, llegué un peaje. Si me hubieran dicho en ese momento que si doblaba esta aportación, mi importe iba a destinarse a limpiar masa forestal durante el invierno, DESDE LUEGO QUE LO HUBIESE HECHO. Y como yo, estoy convencida, todas las otras personas que acababan de presencial lo mismo que yo en esa autopista. 


– Bueno, Mariona. Ayer no lo pudiste hacer, pero hoy sí que puedes. 

– Tienes toooda la razón 
(ahí te dejo el mensaje también para ti que me lees)



Bien. 


Es posible que los incendios se apaguen en invierno. Pero los fondos para gestionar los bosques en invierno (y evitar que ardan en verano), se tienen que recaudar EN VERANO. 


Ni más ni menos. 
 
 


– ¡Oportunista! Tú buscas el momento en que la gente está blandita para sacarles los cuartos, ¿no?


– Mira, que si es para resolver asuntos que nos van a hacer vivir en un lugar más vital, más sano, y con menos sufrimiento, soy una OPORTUNISTA en mayúsculas. Otra cosa sería que aprovechara la “blandura” para hacer saltar a la gente de un puente. O para invertir en el Fórum Filatélico. Vamos, no me jodas…





Hay que saber cuándo es el buen momento para comunicar, porque el momento (y no el mensaje) puede cambiarlo TODO. 



Mariona de Waitala

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