La toxina botulínica de la comunicación

Hoy estoy en la ciudad, y te escribo desde una cafetería tomando un suavesito de naranja, zanahoria y gengibre.

Lo que se conoce como smoothie, vaya.

He pedido el smoothie por su nombre, porque si hubiera pedido un suavesito no sé que me habría ofrecido la muchacha del otro lado de la barra…

Los anglicismos. Ya sabes. 

Son los filtros de Instagram del lenguaje.

Qué quieres que te diga, a nosotras nos gusta más hacer sesiones de fotos que shootings, dinamizar lluvias de ideas (o mejor, tormentas de ideas como diría nuestro amigo Xavier) que brainstormings, y ofrecer consejos no solicitados que tips.

Pero a día de hoy, y especialmente en las redes, parece que tengamos que decorar todo con purpurina y caramelo para que valga la pena.

Necesitamos artificios para que nos vean. Utilizar efectos para destacar.

Como si un texto en el que hablemos de la sesión de fotos que hemos hecho no tuviera interés, y las propias fotos no fueran suficientemente inspiradoras.

A mi me hacen pensar mucho los filtros (de imagen y de lenguaje) que veo en las publicaciones.

Me parecen señales de que algo está fallando de base…que quién publica no se cree lo suficientemente interesante por mérito propio. Que necesita decorarlo, vestirlo y tunearlo para captar mi atención. 

Cuidadín. De ahí al botox, hay un pasín. 

Así que los anglicismos y los filtros son la toxina butolínica de la comunicación (el botox, vaya). Nos esconden la imagen real, la deforman al gusto para provocar una determinada reacción artificial. 

Cuando la realidad es mucho más potente. Lo que pasa es que hay que saber explicarla, y eso no siempre es tan fácil. Así que acabamos recurriendo a artificios.

Siempre es mejor ir al orígen. Reencontrarte con quién eres, revisar cuál es tu proyecto, redescubrir su potencial y explicarlo como corresponde. Con conciencia plena (que no mindfulness). 

Es lo que hacemos en nuestro curso online de Comunicación Transformadora

Ayudarte a que encuentres tu forma de comunicarte y explicarle al mundo cómo lo estás cambiando. Sin necesidad de toxina butolínica. Belleza real.  

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