La visualización real del miedo

Hasta hace un par de años, era una auténtica patata al volante.

Me saqué el carnet muy joven, y como vivía lejos de la familia y no tenía coche, no pude practicar en unos cuantos años.

Así que mi problema es que no tenía confianza en mi misma al volante. No sabía discernir entre lo que hacía bien y lo que hacía mal (y cuando alguien me pitaba, sin ninguna duda el problema lo tenía yo porque: “Mira que soy desastre, y voy a morir sola y congelada dentro del coche apartado en un arcén por no saber arrancarlo”).

Eso cuando iba sola.

Si llevaba a alguien, ya era un drama.

El coche se me calaba. El mensaje que mi cerebro le enviaba a mi pie se truncaba en algún lugar del recorrido, por lo que el pie empezaba a temblar. Y con él, todo el coche. Y yo. Y mi acompañante. Hasta que se calaba.

El coche temblando se convertía en la visualización real de mi miedo.

Sentir la mirada externa me fulminaba.

Así que empecé a evitar conducir, alegando que me encanta el transporte público.

— Es que en tren voy mirando el paisaje. Y leyendo…

Ya, ya.

Bueno, el tema es que durante todos esos años me encontré a gente que con muy buenas intenciones me decía que tenía que conducir más, que fuera tranquila, que yo te acompaño, que lo mío no era miedo.

— ¿Y tú qué sabrás lo que yo siento?

Ante un miedo, no hay nada peor que te lo desacrediten. Es algo irracional, muy interno y nadie puede venir a decirte qué es lo que sientes.

Me hizo falta poder conducir más de 40.000 km, sola, en mi propio coche, en carreteras tranquilas entre montañas para liberarme de ese miedo. La cuestión era encontrar espacios de “no-riesgo” para practicar. Y no pretender hacerlo en plena rotonda de la Pça. Espanya.

Ahora no soy Carlos Sainz. Pero si estoy en esa rotonda y alguien me pita, sé discernir si tiene razón o si está descargando su amargura vital sobre mi.

Por eso, uno de los temas que tratamos en nuestro curso es el miedo a hablar en público. También es un miedo irracional (podría darse el caso remoto, pero en principio no hay más posibilidades de morir sobre un escenario que de hacerlo en el sofá de tu casa).

Y ese miedo también es pavor a la mirada externa.

Al juicio.

A no estar a la altura.

Para reducirlo y poder salir a escena con él, es importante validarlo. El miedo está ahí.

La idea es reducirlo a cosquilleo en el estómago, que no es ya miedo, sino ilusión y emoción de lo que está por venir.

Y sobre todo es necesario practicar. Kilómetros y kilómetros. En espacios de “no-riesgo”.

En un lugar privado, íntimo. Donde la gente esté practicando lo mismo que tú.

Eso lo hacemos en nuestro curso. Entrenar. En petit comité. Y darte retroalimentación de lo que se percibe al otro lado. Esa información que difícilmente recibimos del público (y que tanto bien nos haría).

“Disfruta hablando en público” es un espacio de “no-riesgo” para practicar hablando en público. Es el equivalente a conducir en un descampado.

PD: Una vez salgas del curso, tendrás que buscar tus carreteras nacionales para seguir practicando. Te daremos pistas de cómo hacerlo sin que nadie más lo sepa. Hasta que te veas cruzando tres carriles cómodamente para salir de la rotonda de Pça. Espanya. En el enlace de arriba.

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