Del zen al demonio en dos búsquedas de internet

Vivir en la Cerdanya es conocer un sinfin de animalejos y convivir con ellos. 

Sobre todo me refiero a insectos. Hace dos veranos (era el primero que pasábamos aquí), empezaron a entrarnos moscas en casa. Así, en cuentagotas. Clic, clic, clic,…bzzz, bzzz, bzzzz…

Al principio, con toda mi buena voluntad…buscaba en internet: “Ahuyentar moscas con métodos naturales”.

Sí, todo muy zen.

No hacía mucho que había estado en un retiro budista y estaba muy concienciada. (Allí nos pedían que apartáramos a las babosas fuera de los caminos cogiéndolas con hojas). 

Que me voy. Lo probamos todo:

– Las plantas de albahaca
– Las naranjas con clavo
– La bolsa transparente llena de agua en la puerta 

Nada. 

A todo esto, a cada nueva prueba, no sólo descubríamos que no nos funcionaba, sino que las moscas se reproducían a montones. Un asco. 

Y ¿sabes qué acabamos buscando en internet?

Imagínate. Así, in crescendo.

“Exterminar moscas de inmediato”. 

Al final, ni internet, ni ná. Fuimos a una ferretería. Y nos dieron unas cintas pegajosas y asquerosas para colgarlas y que las moscas se quedaran enganchadas. Y veneno. Amarillo fosforito

Lo colocamos todo y nos largamos el fin de semana fuera. 

El domingo abrimos la puerta con expectación. Y con una risilla maligna. Y con brillo en los colmillos.

Menuda escabechina. 
Más de 300 moscas muertas llegamos a contar. 

Empiezas queriendo hacer las cosas con voluntad, sin dañar a los seres vivos y el medio ambiente. Pero cuando los métodos respetuosos no funcionan, lo tiras todo por tierra, y te lanzas a lo más sangriento. 

¿Te suena?

Cuando comunicamos nuestro proyecto pasa lo mismo.

Primero, sacamos de paseo nuestra buena voluntad: hacer las cosas con calma, de forma respetuosa y amable.

Y resulta que no impactamos. Y al final nos lanzamos a las técnicas más chungas.

– Que si una oferta irresistible de ultimísima hora.
– Que si me lo quitan de las manos (ya, claro).
– Que si un sorteo en el que etiquetas a tu suegra, tu amiga paciente, tu primo, y vendes tu alma al diablo.

Y el problema no es que no comuniquemos desde el respeto. Es que si no sabemos cómo hacerlo, no hay dios que impacte. 

La amabilidad sin más, no mola. No consigue adeptos.

Tiene en mismo efecto que la naranja con clavos. Huele bien pero no sirve de nada, y se acaba pudriendo.

Cuando en realidad, puedes comunicar desde los valores y generar un impacto. 

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